EL AMOR: LA NATURALEZA DE DIOS

Como todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad nos han sido dadas por su divino poder, mediante el conocimiento de aquel que nos llamó por su gloria y excelencia, por medio de las cuales nos ha dado preciosas y grandísimas promesas, para que por ellas llegaseis a ser participantes de la naturaleza divina, habiendo huido de la corrupción que hay en el mundo a causa de la concupiscencia; 2 Pedro 1:3-4

Al amor lo rodean más conceptos erróneos y nociones carnales que a la fe. Usted reúne 20 personas en una habitación y les pregunta qué es el amor y recibirá 20 respuestas diferentes. Así es, debido a que la mente natural lo definirá todo por sí misma, hasta que vea a Cristo como la definición de todas las cosas espirituales.

¿Cuántas mentes naturales tiene frente a usted? Ese es el número exacto de definiciones que usted tiene de fe, amor, gloria, verdad, cielo, comunión, esperanza, transformación, etc.

El amor no está a su disposición para que usted lo defina, el amor es la naturaleza de Dios que obra en usted por fe; pero la fe es la que ve con exactitud, lo que permanece en Cristo.

Hay fe; Su perspectiva obrando en nuestras almas.

Hay esperanza, una mejor traducción es “expectativa”; la expectante realización y progresiva posesión de lo que la fe ve.

Hay amor; la manifestación de todo lo que es Cristo.

“Y ahora permanecen la fe, la esperanza y el amor, estos tres; pero el mayor de ellos es el amor” (1 Corintios 13:13). El mayor de ellos es, cuando la Persona sale a la luz. El mayor de ellos es, cuando nuestra alma en verdad lleva la imagen, fragancia y expresión de la Persona. El mayor de ellos es el amor.

Otra vez, el amor no está a nuestra disposición para que lo definamos por cualquiera cosa que pensamos que es linda. El amor no es buenas obras, tarjetas de navidad, abrazos, ni refugios para indigentes. El amor nunca será definido por obras, aunque las obras pueden ser la manifestación externa del amor. Ni usted ni yo podemos ver una obra y decir: “Ahí tenemos algo de amor”. Primero tenemos que conocer el amor, y luego puede que veamos algunas obras de amor. Ni usted ni yo podemos ver una obra y decir: “Eso fue motivado por el amor”.

¿Cómo podríamos saber eso?
¿Sabe cuántas cosas “amorosas” se hacen para beneficio propio?
¿Sabe cuántas religiones muertas se ocupan con actos de “amor”?
¿Es eso amor?
¿Cómo lo sabe?

De nuevo, no podemos definir el amor por obras, pero cuando conocemos al que es el amor y habitamos en el que es el amor, podemos encontrar obras que se muestran como la manifestación externa de la Persona que es el amor

 

Esto no debería sonar extraño para nosotros. Es lo que dice Juan en su primera carta. 1Juan casi en su totalidad, trata de la Persona del amor que obra a través de los que habitan en Él.

1 Juan 4:7, “Amados, amémonos unos a otros; porque el amor es de Dios. Todo aquel que ama, es nacido de Dios, y conoce a Dios”.

1 Juan 4:8, “El que no ama, no ha conocido a Dios; porque Dios es amor”.

1 Juan 4:12, “Nadie ha visto jamás a Dios. Si nos amamos unos a otros, Dios permanece en nosotros, y su amor se ha perfeccionado en nosotros”.

1 Juan 4:16, “Y nosotros hemos conocido y creído el amor que Dios tiene para con nosotros. Dios es amor; y el que permanece en amor, permanece en Dios, y Dios en él

 

Nosotros leemos estos versículos, e inmediatamente somos tentados a definir el amor, basados en obras que luego son motivo de orgullo o condenación: “Estoy amando bien, no estoy amando bien”. Pero el amor no es algo que hacemos, es algo que Él es y que obra en nosotros por fe. El amor, realmente, no es definido por la cosa hecha, sino por la Persona que la hace en y a través de nosotros. Dios es amor y el que permanece en Él puede poner de manifiesto Su naturaleza.

Podemos ver, entonces, que Pablo aquí está haciendo una especie de introducción a la razón por la cual él ora por estas personas en Efeso. Pablo está diciendo, más o menos, que él sabe que Dios comenzó una obra genuina del Espíritu en ellos, y que por eso, ora por más. Que ha oído que la fe y el amor están obrando en y a través de ellos, y que comprende que eso es obra de Dios y no de la religión hecha por el hombre o de una voluntad auto-disciplinada. Que está orando para que el Espíritu les muestre más.

 

Para ser más claro, cuando Pablo buscaba fe y amor obrando en la iglesia, no cotejaba con una lista de control chequeando doctrinas y buenas obras. Estaba buscando ver si Aquel que estaba en ellos por el nuevo nacimiento, obraba en ellos de acuerdo a Su mente y Su naturaleza; fe y amor. Y cada vez que lo encontraba se regocijaba. Cada vez que Pablo recibía noticias de Timoteo o de Tito de que la fe y el amor estaban obrando en cierta congregación, se regocijaba y oraba por más. Eso es, exactamente, lo que él está haciendo aquí en Efesios.

 

Ahora, habiendo entendido que el amor no es definido por las obras, sino que las verdaderas obras son definidas por el amor, podemos hablar un poquito sobre cómo se ve el amor en el cuerpo. Obviamente, Pablo estaba consciente de que el amor obraba en él. ¿Cómo lo reconocía? ¿Cómo se sabe?

 

Usted probablemente ha leído en las Escrituras, que el amor es hecho manifiesto al poner su vida, y con toda seguridad ha escuchado, que tenemos que “amar al prójimo como a nosotros mismos”. Ambas afirmaciones son ciertas, y sin embargo, ambas tienen que ser entendidas en el contexto de la obra consumada de la cruz…o, como con todas las cosas, significarán para nosotros lo que queramos que signifiquen. Poner su vida por su hermano o su hermana, no es sólo sacrificar las cosas que quiere, o el tiempo o el dinero que tiene, con el fin de ayudar a alguien. Yo sé que eso suena muy bonito, pero generalmente, nosotros sólo hacemos los sacrificios que tienen alguna clase de reembolso al otro lado. ¿No es cierto? El hombre natural, con su corazón absorto en sí mismo, pondrá algo con sinceridad, a fin de recoger algo mejor. Nosotros hacemos sacrificios temporales para recompensas a largo plazo. Puede que perdamos algo nuestro, pero el sentimiento de orgullo por haberlo hecho, a menudo es más importante para nosotros que lo que perdimos.

 

PONER LA VIDA ES LA MAXIMA EXPRESION DEL AMOR

Voy a permitirle que haga sus propias aplicaciones. Mi punto no es ser rudo, mi punto es sólo decir que poner nuestra vida, es más que dar tiempo, dinero o posesiones por una buena causa. Poner nuestra vida, en el cuerpo de Cristo significa: Poner nuestra vida. No parte de ella, sino el yo de ella. No es sólo poner algo de dinero, tiempo o posesiones, es además, la pérdida de nuestra vida. Es poner nuestra vida con el propósito de que seamos utilizados como una vasija de la vida de Cristo para Su cuerpo. Tiene que ver con permitirle al Espíritu obrar la realidad de la cruz en nosotros. En la medida que enfrentemos nuestro final en Él, seremos usados por Él como una vasija de amor. Y por supuesto, esas obras que salen de manera visible, tangible y útil, salen de una realidad más grande que la de sólo poner nuestras preferencias, agendas, planes y sueños. Es poner el yo, para que el amor, la Persona que es el amor, sea libre de administrarse a Sí mismo a Su cuerpo.

 

Sólo cuando el yo es perdido, podemos amar al prójimo como a nosotros mismos. Sólo cuando llegamos a ver que no tenemos vida sino a Cristo, y que Cristo es el todo en todos, y que somos una vasija de Él o que no somos nada… sólo en esta perspectiva de la realidad es que nuestros prójimos llegan a ser, en un sentido, parte de nosotros mismos.

No estoy siendo místico o raro, sólo estoy diciendo que entre más conozcamos la realidad de la cruz, más veremos que Romanos 12:5 es una realidad:

Romanos 12:5, “Así nosotros, siendo muchos, somos un cuerpo en Cristo, y todos miembros los unos de los otros”.

1 Corintios 12:13, “Porque por un solo Espíritu fuimos todos bautizados en un cuerpo, sean judíos o griegos, sean esclavos o libres; y a todos se nos dio a beber de un mismo Espíritu”.

1 Corintios 6:17, “Pero el que se une al Señor, un espíritu es con él”.

Colosenses 3:11, “Donde no hay griego ni judío, circuncisión ni incircuncisión, bárbaro ni escita, siervo ni libre, sino que Cristo es el todo, y en todos”.

 

Cuando conocemos la realidad de la salvación, vemos que hemos perdido una vida y que hemos sido llenos de Otra. Sólo al perder la vida que siempre se busca a sí misma, es que la Otra puede obrar en y a través de nosotros; eso es llamado amor. Aquel que está en nosotros, ahora obra a través de nosotros Su naturaleza. Esa naturaleza es paciente, amable, no busca lo suyo, no guarda rencor, etc.; estas no son cosas que usted aprende a hacer. Una persona no puede enseñarle a otra el amor, sería como tratar de enseñarle a una piedra a flotar. No. Esas son cosas que Él es y que obran en nosotros por medio de Su Espíritu.

 

Cuánto más vea la fe esta realidad, más comprende usted que cada uno que comparte la misma vida, literalmente es miembro de usted mismo. Como dice Pablo: “…y todos miembros los unos de los otros”. Sí, una mano, un pie, un ojo…todos parte de un mismo cuerpo. Entonces, y sólo entonces, es que usted puede amar algo como a sí mismo. ¿Lo ve? Usted sólo puede amar a alguien como a sí mismo cuando llega a verlo como parte de usted; un Espíritu, un cuerpo, Cristo todo y en todos. Entonces sí que funcionan, sí que se expresan, pero siempre hay comprensión antes de manifestación; siempre hay fe obrando a través del amor (Gálatas 5:6); siempre hay una vida que se pone para que la vida de Otro salga a la luz. Nosotros debemos conocernos a nosotros mismos como un cuerpo, como un espíritu, antes de que podamos amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos.

Ahora, regresando a Efesios, esto es lo que Pablo estaba contento de ver. Esto es lo que Pablo oía que estaba sucediendo en Efeso; una genuina obra del Espíritu. Por eso Pablo empezó a orar: “Por esta causa también yo, habiendo oído de vuestra fe en el Señor Jesús, y de vuestro amor para con todos los santos, no ceso de dar gracias por vosotros haciendo memoria de vosotros en mis oraciones” (Efesios 1:15-16).

Para exponer otra vez el orden: Tenemos descrita la obra consumada, luego la promesa de la obra del Espíritu garantizada en nosotros, y ahora Pablo dice que él reconoce la realidad de la obra del Espíritu al sacar a la luz la fe y el amor. Por eso ora para que Dios continúe la obra en y a través de estos creyentes, por medio del Espíritu de sabiduría y revelación.

 

Voy a concluir aquí con unas pocas palabras acerca de la oración misma. Pablo dice: “…no ceso de dar gracias por vosotros haciendo memoria de vosotros en mis oraciones”. Esto es similar a muchas otras Escrituras donde Pablo habla de “orar sin cesar” (1 Tesalonicenses 5:17), o “no ceso de orar por ustedes” (Colosenses 1:9).

Filipenses 2:13 dice, “Porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad”. Cuando la mente de Cristo empieza a obrar en nuestras almas, nos topamos con nuestros corazones anhelando y pidiéndole a Dios las cosas que provienen de Él.

Por eso Pablo puede decir en Filipenses 1: “Porque Dios me es testigo de cómo os amo a todos vosotros con el entrañable amor de Jesucristo. Y esto pido en oración, que vuestro amor abunde aun más y más en ciencia y en todo conocimiento”.

 

Porque Dios me es testigo de cómo os amo a todos vosotros con el entrañable amor de Jesucristo. Efesios 1:8

 

¿Ve el orden aquí? Primero “el entrañable amor de Jesucristo” obraba en Pablo. La oración se había convertido en la respiración, el anhelo, el llamado de lo que ya estaba obrando en su interior. No era onerosa, no era un ejercicio espiritual, para Pablo la oración se había convertido en la participación de la vida y corazón de Dios. Y por eso, incluso sin petición, la oración se vuelve en nosotros la unión y comunión 24 horas al día y 7 días a la semana con el Dios vivo.

Usted sabe eso, pero “en el Nombre de Jesús” no es algo que usted dice después de haber estado orando su propia voluntad. La oración “en el Nombre de Jesús” es orar en Su nombre, Su naturaleza, Su vida, Su corazón, Su mente, Su carga. El Nombre de Dios es la suma de Sus atributos y la realidad de Su existencia. Usted ora en ese Nombre, sólo cuando ese Nombre está formado en usted. Usted ora a partir de ese Nombre, sólo cuando ese Nombre ha quitado su nombre. No es una formalidad al final de sus deseos, que amarran a Dios a darle lo que usted quiere. Es una Persona obrando en su alma, a partir de quien usted respira el corazón mismo de Dios. La oración se vuelve la mente del Señor, “las entrañas de Jesucristo”, que llevan que su corazón esté de acuerdo con Su voluntad. Entonces, puede ser sin cesar, porque esa vida, ese Nombre, ese corazón nunca cesa de obrar en su alma.

 

 

 

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